Páginas

leschnit@yahoo.es

Mostrando entradas con la etiqueta perversión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perversión. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de octubre de 2020

 LA GENERALIZACIÓN DE LAS PERVERSIONES

 


El mecanismo inconsciente de la perversión.

 

Como psicoanalista, comienzo por interrogar el mecanismo inconsciente de la perversión.

 

Partiendo de Freud, en su clasificación de enfermedades, tenemos tres cuadros:

1. Neurosis, 2. Psicosis, 3. Perversión.

 

Siguiendo a Lacan, su eminente discípulo, las tres enfermedades corresponden a las posiciones que toma el sujeto ante lo que él llama La Ley.

 

Esta Ley es la forma en que funciona el lenguaje, del que el inconsciente es conviviente; es, por lo tanto, la forma en que funciona el inconsciente. Parecido al aburrido manual de instrucciones de un electrodoméstico.  No es el fondo de la cosa, pero sí la forma en que funciona.

 

Y las patologías son aquellas posiciones, los modos en que el sujeto se posiciona, se somete a ser atravesado por el lenguaje.

 

No es lo mismo que el tifón te coja de frente y te estampe contra la pared, que te coja de lado y sólo te de un revolcón. O que te coja de maneras elásticas, variadas, dejándote con recursos frente a la catástrofe.

 

1. Neurosis.

El neurótico carga con la ley a sus espaldas como una cruz, como una especie de auditor de la gestión de la ley.

 

2. Psicosis.

El psicótico rechaza la ley, vive por fuera del lenguaje que al mismo tiempo lo conforma. No ve la realidad del lenguaje, a costo del delirio.

 

3. Perversión.

El perverso repudia la ley. Es un jurista de la ley que lo habita, pero a costo de repudiarla, de no prestarle atención. Se ve abocado a construir otras diferentes.

 

Un poco de historia cultural de las patologías mentales.

 

Freud, a fines del XIX, empieza a estudiar la histeria en París, con el profesor Charcot.

 

Empieza a intuir que, en lo que Charcot llama ´estado hipnoide´, se manifiesta una escisión o división del yo, que el joven Freud siente como un estado propio del sujeto; demasiado intenso en los síntomas de las histerias, lo que las lleva a enfermar. No por la disociación, que es propia del sujeto sano, sino su intensidad.

 

Esto va a marcar la base de su clínica para siempre, que recién décadas más tarde llegará a demostrar teóricamente en su artículo ´La escisión del yo en el proceso de defensa´, donde nos presenta la idea interesante y novedosa de que el niño, enfrentado a lograr su satisfacción o aceptar la prohibición de la realidad, se queda con las dos soluciones. Pagando un precio, que es la ruptura permanente del yo.

 

Sugiriéndonos la sorprendente idea de que esta ruptura del yo es consustancial al psiquismo humano. Entre el sometimiento a la realidad y su negación, navegará su espíritu.

 

Este es el posicionamiento de la perversión, que Freud coloca en los fundamentos del psiquismo.

 

Siendo esto así, nos vemos ante un desafío teórico:

 

¿De qué modo y manera se puede convertir esa posición de duplicidad entre la satisfacción y la prohibición, en una conducta constructiva?

 

Lo primero es entender que esta doble inscripción del yo, es una función psíquica del pensamiento y no un destino en la vida.

 

Se puede convertir en patología perversa, pero en sí misma, sólo es una funcionalidad.

Una funcionalidad crítica, incluso peligrosa, es cierto; pero no es una enfermedad, no es una condena.

La otra respuesta.

¿Y cuál es la otra respuesta que la conducta del ser humano puede hacer de esta doble reacción frente a la satisfacción y la realidad?

Es el arte, el pensamiento creativo; porque el que gestiona la elección de la realidad desde un yo partido, es el poeta. Lo hace para construir la realidad, no para dañarla, como el perverso. El poeta trabaja el inconsciente, no se lo come a pedazos.

La perversión nace en la psicosis cultural.

 

La perversión es una salida desesperada para no caer en la pérdida de realidad de la locura reinante en nuestro tiempo.

 

Es por eso que, en tiempos culturales donde la psicosis se ha convertido en ley de la realidad, el inconsciente, aterrorizado, recurre a la perversión.

 

Los actos extremos de perversión, como los que se denuncian en estos tiempos, como la violación de niños y la violencia familiar, son emergentes de una cultura donde se ha perdido la realidad; una cultura psicótica.

Si estamos tan perversos, entonces, es porque estábamos inmersos en la locura.

 

Trabajar la cultura.

 

Trabajar la cultura, por lo tanto, es el camino debido. Reprimir con mayor fuerza, como la prisión perpetua, como proponen algunos miembros del Estado, más allá de su manipulación política o de ser un gesto que pueda llegar a ser adecuado para poner límites en la psicosis; no deja de ser una falla teórica en el enfoque de la cuestión. Implica una concepción de ausencia de inconsciente.

 

Como ley cultural, en el S.XIX imperaba la neurosis; que condujo al psiquismo del S.XX, en el que se fue imponiendo la psicosis. Tener un pensamiento psicótico, con el que entramos en el S.XXI, como locos.

 

La creación del Poeta.

 

Es el camino de resolución.

Según lo vemos, la pasión por la reconstrucción poética de la realidad, ha de ser la imposición del siglo actual; la pasión del artista.

 

El XXI está condenado a ser un siglo de poetas, gracias a cuyo trabajo sale de la muerte, o de la antesala de la muerte.

 

“Cuando todo está destruido, la posibilidad es poética”, dijo el joven movimiento psicoanalítico Grupo Cero en Buenos Aires del 70.

Allí lo vimos, y 60 años después, éste es el momento claro de su implementación.

 

Que la sociedad se aleje de la creación artística, es lo que hace que, se busque la manzana dorada de la humanidad, en la violencia.

 

La doble ley de la aceptación y rechazo de la realidad, en su ruptura del yo, hace que todo vuelva a empezar de mano del poeta o, a que se retuerza histéricamente en el mismo lugar como los histéricos del XIX. Un paso adelante hasta el presente, o dos siglos para atrás.

 

Hagamos cualquier basura, cualquier cosa da igual, con tal de escapar de la ausencia de realidad, dice el perverso, y mata, pega y fornica sin aceptación.

 

Tranquilos, ya viene el poeta, que otra cosa hará.

 

lunes, 29 de mayo de 2017

LA LEY ES LA PERVERSIÓN:

POLICÍAS QUE NEGOCIAN CON FAVORES HOMOSEXUALES.
CURAS QUE VIOLAN NIÑOS Y SON ESCONDIDOS POR SUS OBISPOS.


Como lo decía Slavoj Zizek en uno de sus ensayos, en este tiempo lo moral es lo perverso y lo normal es lo psicótico.

Un mundo donde la perversión es la ley ordenadora. Un mundo donde la normalidad es la falta de realidad.
No es que antes de ahora estas cosas no pasaran, sino que ahora estas sandeces son motivo de buena imagen.

miércoles, 29 de mayo de 2013

CLEVELAND.

TRIPLE SECUESTRO DE DIEZ AÑOS DE DURACIÓN.


La noticia del hecho aterrador está en todos los titulares por lo cual no pretendo  abundar en ello.
Me pregunto, desde la ingenuidad, qué habría en la cabeza de los secuestradores  para hacer semejante cosa. Secuestro de mujeres jóvenes para su violación sistemática.

La respuesta automática puede ser: frustrados sexuales. Es real. Pero no puedo evitar preguntarme en qué consiste ese estado.
Siguiendo la misma respuesta pienso en la perversión de la mente. ¿Qué es la perversión?
Un estado mecánico de la mente que encuentra su placer, su interés en llevar a cabo aquello que va en contra de todo lo concedido por los valores en boga en una sociedad y una cultura.

Una suerte de desafío a que la realidad imponga su ley, su manera de ser, su forma de entender. Rechazo la imposición y hago todo al revés.
Aún algo más ¿Cómo es posible que una mentalidad haga esto? Por el hecho de que el pensamiento está determinado por unos elementos que son como datos de ordenador, vacíos de sentido, que se llaman símbolos, y que según como se unan entre sí, producen distintas tendencias y sentidos. Hay una cuestión mecánica en esta combinación.
Las combinaciones contrarias al sentido vigente son siempre condicionadas por la historia de vida de los sujetos; algunas veces – las más – porque hubo cuestiones aberrantes en lo vivido y otras por la forma en que se ha sentido una historia personal que en sí misma no tiene nada de particular.
Como dijo Joan Manuel Serrat, “he aprendido que en la vida no es tan importante lo que nos pasa como la forma en que nos lo tomamos”.



jueves, 21 de mayo de 2009

LOS HORRORES DE LA IGLESIA IRLANDESA


Es el título del artículo de Eduardo Suárez, corresponsal del diario El Mundo, 21.5.2009. Pág. 30. Subtitulado: Un informe oficial afirma que centenares de niños sufrieron abusos durante décadas en las instituciones de asistencia social regidas por órdenes católicas.
Referido a un informe oficial que acusa a jerarcas de la Iglesia Católica de Irlanda a ocultar durante décadas abusos físicos y emocionales a menores llevados a cabo en sus escuelas y reformatorios.
Como en otros apartados en que reflexionamos sobre casos sorprendentes de doble moral, este oscuro caso nos asombra y genera interrogantes. Como psicoanalistas, la pregunta que más se nos plantea es la de ¿Qué hay en la psiquis humana para que sean posibles estos casos de elevada contradicción entre la apariencia y la realidad?
La soberbia, que encuentra fácil escondrijo en las posiciones morales más puras, se manifiesta a veces en la perversión.
Una persona que se toma las cosas de su vida y su pasión, dentro de la conciencia normal de que somos humanos, aún más que humanos, humanitos, vale decir limitados y proclives al error, está centrada en la realidad y por ello hasta un cierto punto protegida contra estos extremos.
Siempre terminamos en la misma idea, que sostenemos dentro de la concepción psicoanalítica del sujeto, de que somos seres del símbolo, animales que hablamos, seres hablantes, que tenemos nuestro hogar por derecho natural en la casa del lenguaje. La “dicho mansión” o mansión del dicho, el “hablente” o hablante ser, de Jaques Lacan. Y ello nos condiciona a un conflicto esencial:
- Por una parte, nuestra conciencia es efecto absoluto de la palabra inconsciente que, como una ficha de ordenador, nos lleva a sentir como una verdad absoluta todo sentido – cualquier sentido - que nos impone.
- Por la otra, y proveniente de esta misma sujeción al símbolo; cuando este cambia en el fichaje del programa inconsciente, nos vemos abocados a sentir otra cosa con igual sentimiento de total validez.
Esta locura está en nuestra naturaleza. Conviene aclarar que esto no significa una justificación, porque estamos describiendo una mecánica y no una ética. La ética empezaría por otro tipo de pregunta, como por ejemplo la posibilidad de optar ante las tendencias de la psiquis, en cuya dirección no nos proponemos ahondar. No es nuestro campo de trabajo.
La hipótesis de la soberbia nos parece clave. Es sabido que el humanito tiene esta tendencia enraizada de un modo esencial. Nos remitimos a Freud en su trabajo ejemplar Introducción al narcisismo, en que desarrolla la propia imagen como el fundamento esencial de la identidad, que nos permite construirnos como sujetos.
Lo plantea como un pegamento, no como justificación.
El drama que enfrentamos como humanitos, es qué verdad de nuestro sentir podemos creer, cuando esta puede cambiar hacia otra, que sentiremos con igual realidad.
El personaje que con demasiada vanidad defiende una verdad y pasa a la contraria, o más aún cree esquizofrénicamente dos verdades opuestas, nos habla de esta complejidad del ser del símbolo.
Luis Schnitman
Madrid. 21.5.2009