Considerando el pensamiento moderno como polisémico
y su consecuencia ideológica, anti dogmática; en el seno de la pugna entre
clásicos y modernos se discute si las formas de pensar de siempre son las que
hay que defender a toda costa o por el contrario hay que revisarlas a la luz de
que toda idea es un producto del pensamiento y puede ser reconstruida; nos
podemos plantear la pregunta del título: ¿Para qué sirve el pensamiento
moderno?
Desde el punto de vista de pensar las
cuestiones del mundo, el pensamiento clásico defiende lo único y eterno y el
moderno la crítica de lo establecido. Pero nosotros estamos pensando en el lado
psicoanalítico de la cuestión.
En esta dimensión, todo el sistema psíquico
inconsciente es moderno, ya que se reforma permanentemente a sí mismo. Nadie
tiene capacidad de ser igual al día siguiente a como lo fue el día anterior,
salvo a costo de frenar o reprimir su natural tendencia.
Es en este aspecto que el pensamiento polisémico – que puede hallar potenciales sentidos diferentes en cada idea –
coincide con los mecanismos naturales del psiquismo humano.
Aceptando esta propuesta, volvemos a
preguntar:
- Esto ¿tiene utilidad?
– Tiene la capacidad de coincidir con los
mecanismos del pensamiento. El lector podrá juzgar su posible utilidad o
perjuicio.
Una posición intermedia es la de una frase
del pensamiento de las antiguas tradiciones sufíes, que dice: Cuando un pescado
no tiene olor a podrido, no hay que echarlo al mar.
Esto implicaría que cuando huele mal hay que
descartarlo, sin que todo lo establecido anteriormente sea malo.



