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sábado, 25 de julio de 2009

EL CARNAVAL, LA POLISEMIA, SIGLO 21 - Otra del Humanito -

Las pretensiones políticas del “Cowboy Desnudo” que aparece en los medios de comunicación, para alcalde de NY; y de “Paris Hilton” para presidenta de USA, me parecen ejemplos de la corriente de estos tiempos para desprenderse del dogmatismo de las ideas hechas, de las ideas absolutas, de las certezas.
El drama del ser humano puede entenderse en la vertiente de la naturaleza del símbolo que lo habita, como ha planteado el psicoanálisis. No estamos habitados por un solo yo, sino por variadas tendencias que se sintetizan en un yo para tener una identidad, un sentido del mundo.
Pero la necesidad de sobrevivir en la realidad, que es lo que nos permite este sentido de las cosas, no significa que al mismo tiempo el humanito* deje de estar habitado por la naturaleza del símbolo que es la de circular, asociarse con otros símbolos, recreando permanentemente el sentido de la realidad y la propia identidad.
¿Quién es el mismo que la década anterior, el año anterior, el mes anterior, el día anterior? Nadie que no sea neurótico, nos dice el psicoanálisis.
Siempre se ha visto en la historia humanita esta lucha entre el yo que quiere estabilizar el sentido y el símbolo que quiere circular por él.
Esta es una pugna eterna que no tiene solución porque es de nuestra naturaleza.
En las pretensiones políticas de estos dos anti políticos, me parece ver una manifestación de un estilo muy actual, muy siglo 21, de esta lucha eterna.
No deja de escandalizarme y al mismo tiempo de divertirme. Me escandaliza porque creen que pueden desempeñar un cargo político sin formación, pero por otro lado hallo en esta pretensión una verdad.
El Cowboy Desnudo por ejemplo, dice que su pretensión es como la del gobernador de California, el hollywoodense Schwarzenegger ¿Podríamos también evocar a Reagan? Tampoco me cuesta aceptar que la formación no garantiza evitar el error. Paris Hilton, de la que no puedo dejar de sentir que tiene un nombre de hotel, dijo durante la campaña de Mc Cain a la presidencia, que si un señor con arrugas podía pretender ser presidente, ella, que está buenísima, por qué no podría. Parece que ahora ya tiene una plataforma partidaria.
Esto no soluciona el problema humanito de que, si bien puede sostenerse que el carnaval, la polisemia, el sentido lúdico, el sentido aventurero de la vida, es lo mejor que podemos hacer en este complejo y maravilloso mundo, es también necesario que el yo se ocupe de gestionar la realidad.
Es complejo, entre otras cosas, porque parte importante de la realidad es la parte lúdica y aventurera.
¿Cuál elegir? ¿Las dos?


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*Humanito. Solemos llamar así al ser humano en nuestros escritos y especulaciones, queriendo expresar la idea de que, aunque la palabra “humano” nos parece bella, cuando miramos sus acciones, a veces maravillosas, a veces terribles, y lo mucho que tiende a verse a sí mismo como una gran cosa, nos parece que es mejor el nombre de humanito. El humanito, que se cree mucho y es poquito.

sábado, 2 de mayo de 2009

¿La representación cura la angustia?

Sobrevaloración de la técnica mágica o de la sugestión en la psicoterapia
Suele afirmarse que la representación cura la angustia.
Que la aparición de un sentido que interprete una situación angustiosa, hace desaparecer la angustia, es un hecho que se observa. Nos preguntamos al respecto, el por qué y los límites de acción terapéutica de este mecanismo.
La representación cura la angustia porque rearma el deseo que ha caído y por efecto de esta caída ha surgido la angustia.
La angustia es un temor al despiste, a la desorganización del yo, del sentimiento de identidad. Se la ha llamado por eso, angustia de muerte.
La representación de la situación que nos rescata de la angustia, actúa como un estímulo imaginario ya que lo imaginario tiene la capacidad de dar soporte, de enganchar el mecanismo del deseo. El deseo es inconsciente, está engranando, dando su forma a la personalidad. Es el pegamento de la personalidad, y el poder de la representación está limitado por los condicionantes de la historia del sujeto que van armando cada personalidad.
El hombre es un sujeto de su historia, que va dejando marcas en su modo de sentir e interesarse en la realidad. Por ello el deseo ha de ser trabajado en su propia dinámica que está en las raíces del mecanismo.
Sostener que el efecto imaginario de la representación es suficiente para elaborar la historia es una afirmación temeraria.
Efectivamente, el efecto terapéutico de la representación sobre la estructura de la personalidad no suele tener una eficacia estructurante, salvo como excepción.


Luis Schnitman
Madrid. 2.5.2009

sábado, 20 de septiembre de 2008

LA “SUPERACIÓN" DEL PSICOANÁLISIS : CONCEPTO DE INCONSCIENTE


(Fragmento de “Psicoanálisis y Criminología”. Estanislao Zuleta. Editorial Espejo. 1986. Medellín. Colombia)


"El tema más importante de todos los que presenta el pensamiento de Freud, el más notable de sus descubrimientos es el del inconsciente, pero desgraciadamente también es el más difícil de todos los problemas que planteó en el estudio del hombre. El pensamiento de Freud en ningún punto como en este del inconsciente se contrapone más radicalmente – por no decir más escandalosamente – a la cultura de su tiempo. Hay una notable incompatibilidad entre lo que Freud propuso como esquema de la estructura psíquica y lo que toda la cultura de su tiempo había pensado del hombre. Hay una especial incompatibilidad, por ejemplo, entre el pensamiento de Freud y toda la doctrina evolucionista, en psicología, en antropología, en sociología; en filosofías como la de Hegel, todas las doctrinas fenomenológicas que surgieron contemporáneamente a su obra y que son radicalmente contrapuestas a su pensamiento, y por supuesto al pensamiento religioso de todo tipo y de toda índole, también se contraponen de la manera más clara, más abierta y más irreconciliable. Por lo tanto, para Freud era de esperar una gran oposición, silencio, rechazo, tergiversación, es decir, una pésima recepción para ese elemento extraño de la cultura de su época, el inconsciente.

A los filósofos que creen tener las cosas claras y tienen una refutación rápida a la manera sartriana, hablar de pensamientos inconscientes es una contradicción en los términos, es lo mismo que no hablar de nada, es como hablar de hielo frito, porque un pensamiento es consciente por definición y punto. Así, hablar de sentimientos inconscientes es algo tan ridículo como hablar de un sentimiento que no se siente, de sentimientos insensibles. De manera que los filósofos, que creen tener las ideas más claras, comenzaron a refutar el problema en sus propios términos, pero para su propia desgracia, el problema no solamente era un hueso duro de roer sino que también era difícil de sospechar, y una vez que Freud produjo el tema, tampoco era fácil ocultarlo y ocultar la obra que alrededor de ese tema seguía creciendo en el campo de laantropología, de la lingüística, de la terapéutica y de la crítica literaria. Esto no se podía acallar, y el mismo Sartre, después deberá reconocer que su claridad (en “El ser y la nada”) es pura ignorancia, y que el psicoanálisis es indispensable en el mundo moderno.
Otro autor muy notable, Dr. Hesnard, había escrito un libro por la misma época de El ser y la nada que denominó “El universo mórbido de la culpa” en el cual se producía una gran superación del pensamiento de Freud, superación saludada con gran alarde en el prólogo del doctor Wallon, presidente del Instituto Francés de Psicología; pero unos 22 años más tarde, el Dr. Hesnard produjo otro libro que se llama ”La obra de Sigmund Freud y su importancia para el mundo moderno”, que publicó en el año 1963, en el cual descubre también lo mismo que Sartre, que la superación del psicoanálisis era un desconocimiento del psicoanálisis.

Esa historia de la superación es una historia muy interesante y la traigo aquí a cuento, como una alerta sobre la dificultad intrínseca del tema que vamos a tratar; una dificultad contra la que desgraciadamente no podemos hacer nada, porque hay cosas que son difíciles en su propia esencia, que no depende de nuestra exposición, aunque podamos hacer un esfuerzo para simplificarlo. De la misma manera que no se puede enseñar la doctrina de Einstein, por ejemplo, en términos de aritmética elemental, hay también una parte fundamental del pensamiento de Freud que no se puede simplificar demasiado y debemos aceptar el trabajo de abordarlo".